Cómo una enfermedad orgánica se diferencia de un trastorno funcional

Enfermedad orgánica es el término usado para describir cualquier condición de salud en la cual hay un proceso de enfermedad observable y medible, como inflamación o daño tisular. Una enfermedad orgánica puede validarse y cuantificarse a través de medidas biológicas estandarizadas conocidas como biomarcadores.

A diferencia de un trastorno no orgánico (funcional), una enfermedad orgánica es aquella en la que hay cambios físicos o bioquímicos detectables en las células, tejidos u órganos del cuerpo. Una enfermedad no orgánica, por el contrario, es una que se manifiesta con síntomas pero cuyo proceso de enfermedad es desconocido o no puede medirse por los medios científicos actuales.

Ejemplos de enfermedad orgánica

El término enfermedad orgánica es una clasificación general para muchos tipos diferentes de enfermedades. Pueden ser localizados (lo que significa que afectan a una parte específica del cuerpo) o sistémicos (que afectan a múltiples sistemas de órganos). Pueden ser heredadas o causadas por fuerzas externas o ambientales. Algunas enfermedades orgánicas son transmisibles, se transmiten de una persona a otra, mientras que otras no son transmisibles.

Algunas de las categorías y tipos más amplios de enfermedades orgánicas incluyen:

  • Enfermedades autoinmunes en las que el sistema inmunológico del cuerpo ataca sus propias células y tejidos, como:
    • Diabetes tipo 1
    • Esclerosis múltiple (EM)
    • Artritis Reumatoide
    • Lupus
    • Psoriasis
  • Cáncer en el que las células anormales se multiplican sin controlar y superan a las células sanas, como:
    • Cáncer de mama
    • Melanoma
    • Leucemia
    • Linfoma
    • Cáncer de pulmón
    • Cáncer colonrectal
  • Enfermedades inflamatorias que causan daño agudo o progresivo a las células y tejidos, como:
    • Osteoartritis
    • Enfermedad inflamatoria pélvica (PID)
    • Meningitis viral
    • Aterosclerosis
    • Fibromialgia
  • Enfermedades infecciosas en las cuales una bacteria, virus, hongo, parásito u otro microbio se transmite entre individuos, como:
    • El VIH
    • Hepatitis C
    • Virus zika
    • Tuberculosis
    • Influenza

Ejemplos de trastornos funcionales

Una enfermedad no orgánica suele denominarse funcional, lo que significa que hay síntomas de enfermedad pero no hay medidas claras para establecer un diagnóstico. En el pasado, los trastornos funcionales se consideraban en gran medida psicosomáticos . Hoy reconocemos que muchas de estas condiciones tienen características distintivas que las definen independientemente del estado emocional de una persona.

El prurito (picazón) es un ejemplo de un síntoma funcional. Por sí solo, no está asociado con un cambio físico o bioquímico, pero sigue siendo una sensación muy real y tangible. Lo mismo se aplica a la fatiga, dolores de cabeza crónicos o insomnio. La ausencia de biomarcadores medibles no significa que no existan; simplemente nos dice que las causas son desconocidas (idiopáticas).

En años pasados, enfermedades como la epilepsia, la migraña y el Alzheimer se consideraban trastornos funcionales. Hoy en día, ese ya no es el caso. En cambio, muchos trastornos funcionales están siendo clasificados hoy por su perfil sintomático. Ejemplos incluyen:

  • Síndrome del intestino irritable (IBS)
  • Síndrome de fatiga crónica (SFC)
  • Fibromialgia
  • Dolor en la articulación temporomandibular (ATM)
  • Trastorno de reflujo gastroesofágico (ERGE)
  • Cistitis intersticial

Síntomas funcionales y psicosomáticos

Las enfermedades psiquiátricas también se consideran en gran medida funcionales, ya que no podemos identificar fácilmente su causa subyacente. Estos incluyen depresión clínica, trastorno bipolar, esquizofrenia, trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) y síndrome de estrés postraumático (TEPT).

Sin embargo, una enfermedad psiquiátrica no es lo mismo que una psicosomática. Los síntomas psicosomáticos son aquellos que se creen derivados del estrés y las tensiones de la vida cotidiana. Son impulsados ​​por el estado mental o emocional de una persona y, a menudo, se manifiestan con síntomas de dolor de espalda, dolor de cabeza, fatiga, presión arterial alta, indigestión, falta de aliento, mareos e impotencia.

Los síntomas funcionales difieren de los psicosomáticos en que la eliminación del estrés emocional puede disminuir la gravedad de los síntomas pero no eliminarlos por completo.