Introducción a la genética del cáncer y al melanoma

Guía para el paciente de los genes implicados en el cáncer de piel con melanoma

Comprender la genética del cáncer y cómo desempeña un papel en el melanoma puede parecer una tarea desalentadora. Pero tomarse el tiempo para hacer eso puede ayudarlo a comprender mejor su riesgo y lo que puede hacer al respecto.

Genética del cáncer

El cáncer comienza cuando uno o más genes en una célula mutan (cambio de su forma normal). Esto crea una proteína anormal o ninguna proteína en absoluto, lo que hace que las células mutadas se multipliquen sin control.

Se está investigando un gran número de genes por su papel en el melanoma, incluidos los genes heredados y los defectos genéticos que se adquieren debido a factores ambientales, como la exposición excesiva al sol . Hasta ahora, las variaciones genéticas específicas representan solo el 1 por ciento de todos los diagnósticos de melanoma, aunque un estudio de 2009 de gemelos con melanoma mostró que el 55 por ciento del riesgo total de melanoma de una persona puede deberse a factores genéticos. La investigación en esta área complicada aún está en su infancia, pero hay muchas esperanzas de que en el futuro cercano, las pruebas genéticas ayudarán a guiar la detección, el diagnóstico y el tratamiento del melanoma .

Mutaciones genéticas hereditarias en el melanoma

Los ejemplos de mutaciones genéticas que se transmiten de padres a hijos incluyen los siguientes:

CDKN2A: las mutaciones en este regulador de la división celular son las causas más comunes de melanoma hereditario. Estas mutaciones, sin embargo, son todavía muy poco comunes en general y también pueden aparecer en casos no hereditarios de melanoma.

Las personas con melanoma familiar a menudo tienen una gran cantidad de lunares de forma irregular (nevos displásicos) y se les diagnostica melanoma a una edad relativamente joven (de 35 a 40 años). Dado que el 70 por ciento de las personas que tienen mutaciones en el gen CDKN2A desarrollarán melanoma durante su vida, se han desarrollado pruebas comerciales para CDKN2A, aunque no está claro si conocer los resultados de la prueba beneficiará a las personas portadoras del gen. Una mutación relacionada, pero aún más rara, se encuentra en el gen CDK4, que también controla cuándo las células se dividen y aumentan el riesgo de desarrollar melanoma.

MC1R: cada vez hay más evidencia que muestra que cuanto mayor es el número de variaciones en un gen llamado MC1R (receptor de melanocortina-1), mayor es el riesgo de melanoma. El gen juega un papel importante en la determinación de si una persona tiene cabello rojo, piel clara y sensibilidad a la radiación UV. Las personas que tienen oliva y piel más oscura y que tienen una o más variaciones del gen tienen un riesgo más alto que el promedio de melanoma. No obstante, tener la mutación MC1R conlleva un riesgo más moderado que las mutaciones CDKN2A o CDK4. Recientemente, se han identificado otros genes relacionados con el pigmento de la piel que también pueden aumentar la susceptibilidad al melanoma, incluidos TYR (tirosinasa), TYRP1 (proteína 1 relacionada con TYR) y ASIP (proteína de señalización agutí).

MDM2: la variante genética MDM2 aparece en el “promotor” del gen, un tipo de interruptor de encendido que determina cuándo se activa el gen y cuántas copias se producen dentro de una célula. La investigación publicada en 2009 mostró que predispone a las mujeres, pero no a los hombres, a desarrollar melanoma a una edad más temprana (menos de 50 años). Tener esta mutación puede ser aún más potente que otros factores de riesgo de melanoma, como un historial de ampollas con quemaduras solares, piel clara y pecas.

Si tiene un padre o hermano con melanoma, su riesgo de desarrollar melanoma es de dos a tres veces mayor que el de una persona promedio. Sin embargo, el riesgo es aún pequeño y, en muchos casos, no se encontrará el gen defectuoso. No obstante, la mayoría de los expertos recomiendan encarecidamente que las personas preocupadas por su historial familiar de melanoma consulten a un asesor genético y le pregunten a su médico si desean participar en estudios de investigación genética para aprender más sobre cómo las mutaciones genéticas influyen en el riesgo de melanoma. Como mínimo, las personas con riesgo de melanoma hereditario deben practicar la protección solar y examinar su piel cuidadosamente cada mes a partir de los 10 años para detectar cambios en la apariencia de los lunares.

Tenga en cuenta: Se han documentado otras mutaciones, incluidas las de los genes CDK4, POT1, ACD y TERF2IP.

Mutaciones genéticas que no se heredan

Las mutaciones genéticas que no se heredan sino que se adquieren debido a factores ambientales como el sol incluyen:

BRAF: los estudios han identificado una mutación no hereditaria en el gen BRAF que parece ser el evento más común en el proceso que conduce al melanoma; Se ha observado en hasta el 66% de los melanomas malignos. Los investigadores esperan que los medicamentos que bloquean este gen puedan ser una estrategia de tratamiento eficaz en el futuro.

P16: un gen supresor de tumores que puede ser anormal en algunos casos no hereditarios de melanoma. Las mutaciones genéticas que regulan las proteínas Ku70 y Ku80 pueden interrumpir los procesos que reparan las cadenas de ADN.

EGF: los investigadores están estudiando las mutaciones en un gen que produce una sustancia llamada factor de crecimiento epidérmico (EGF). El EGF desempeña un papel en el crecimiento de las células de la piel y la cicatrización de heridas, y puede explicar muchos casos no hereditarios de melanoma.

Fas: las mutaciones en los genes que regulan las proteínas Fas, que están involucradas en un proceso natural de autodestrucción celular llamada apoptosis, pueden hacer que las células de melanoma proliferen fuera de control.

Los procesos moleculares que conducen al desarrollo inicial y la metástasis del melanoma no familiar son extremadamente complejos y están comenzando a ser investigados. Literalmente, miles de informes de investigación sobre la genética del melanoma se han publicado en la última década. Es de esperar que estos avances conduzcan a la identificación de pruebas mucho más precisas para el diagnóstico y pronóstico del melanoma, así como a objetivos de tratamiento más efectivos para esta enfermedad devastadora.